Tanto tiempo tienen los hombres en las manos, y tan pocas cosas importantes en las que gastarlo... Aún me acuerdo de la tormenta que corría a mi alrededor hace meses, incontrolable e incomprensible, ajeno yo a todo movimiento, niño santo como ninguno. Miradme ahora, circuncidado mentalmente y cargado de esperanzas de un solo sentido.
Esto es patético, pero cierto.
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