Acierto en mi pronóstico, y tras ascender vertiginosamente hasta un punto a todas luces insostenible, la marea baja.
Yo, yo que alimenté estas falsas esperanzas y compartí estas caricias efímeras soy el patético culpable de este dolor, de esta pérdida de tiempo y confianza. Aún no comprendo a las sombras, ¿aprenderé algún día?
He tocado tu garganta de platino y ahora sé que no eres más que una niña. Ojalá yo fuera como tú, ojalá nunca hubiera crecido y me hubiera convertido en este huracán que soy ahora. Sé que si fuera un idiota cualquiera quizá podría seguir estrechando tus manos y mirándote a los ojos mientras sonríes sin miedo.
Siento pena. Aún no soy capaz de entender el daño que nos acabamos de hacer el uno al otro. Trato de olvidar, mirar adelante. Pero sufro. ¿Para qué tanto dolor?
Ángel para un final
Hace 9 horas


1 comentarios:
Tanto dolor para aprender lo que aún no sabes. Es duro pero somos tontos y sólo aprendemos si sufrimos.
La niña crecerá, se dará cuenta de las cosas y se arrepentirá. Así es siempre.
Saludos.
Publicar un comentario en la entrada