giran ladrones y putas y milagros de plástico.
En el templo venden la moral los fariseos,
se trueca el préstamo en dignidad restregada:
proliferan los valores intercambiados
y las lenguas que se zambullen por miles
en la sangre de los carneros humanos.
Millones de cadenas se engarzan
en el centro de la sucia vorágine
de las torres de Babilonia.
La furia, la envidia y la vida
crían sus esquejes de civilización
en las calles de Babilonia.
En el aire corrupto de la libertad
el hombre se arrastra y los niños andan sobre sus cabezas:
la maquinaria que devora las almas
perforando vientres de vírgenes
consolida su existencia.
Y los perros muerden con furia el ídolo
mientras Nabucodonosor se arrastra sobre las rodillas.

